El Poema de la Lluvia Triste

CAPÍTULO IV

Toledo, año 1531

El interior de la celda era angosto y muy frío. Tan frío que la esperanza se helaba en el Alma, haciéndola pedazos. ¿Dónde estaba el aire, el sol? ¿Por qué la habían encerrado en esa prisión? Azaak no consiguió llegar al sur y fue interceptada y hecha prisionera por los españoles. Dada su extraordinaria belleza y dominio de la lengua castellana, fue llevada a España junto con un cargamento de oro proveniente del pueblo Inca. Era la prueba que necesitaba un hombre, si cabe, más cruel y ambicioso que el propio Cortés, de que el pueblo Inca era poseedor de innumerables tesoros. Su nombre era Francisco Pizarro.
Junto a ella se encuentra Sara -una preciosa chica judía acusada de tratos con el Diablo-. La Santa Inquisición no ve con buenos ojos que una indígena de Las Indias sepa hablar castellano fluidamente. Además asegura que el verdadero Dios es la Pachamama. Sara está asustada y Azaak le cuenta una bonita historia de su pueblo…