Mateo 10:34

"No crean que he venido a traer paz. No vine a traer paz sino espada."

Jesus de Nazaret 

La Biblia

 

 

"Los crímenes pequeños son objeto de persecución por parte de perros y policías. Los grandes son objetos de reverencia por parte de los historiadores."

K.D ¿Por qué seguimos prestando atención a un cadáver? ¿Al cadáver descomunal de un engendro histórico? ¿A los despojos de un monstruo que ha perseguido, destrozado y devorado a un sinnúmero de personas (hermanos, prójimos, criaturas hechas a semejanza de Dios) con la mejor conciencia y el más sano de los apetitos y eso a 1o largo de milenio y medio a impulsos del ansia de sus fauces o por consideraciones de utilidad. Todo para mayor gloria de su Moloch y para cebarse a sí mismo con creciente voracidad: padres y madres, niños y ancianos, enfermos y tullidos, pobres de espíritu y genios, millones de paganos, millones de judíos, millones de brujas, millones de indios (¡por lo menos 15 millones en una sola generación!), millones de africanos, de cristianos. Todos dados al demonio, matados y digeridos -así a lo largo de la historia y hasta casi nuestros días con la matanza en los años 40 de casi 700 mil ortodoxos servios en la que tuvo parte activa el mismo clero católico ¡con los franciscanos a la cabeza! y no sin la bendición y el beneplácito de Eugenio Pacelli, el papa Pío XII, esa aparición tan perfectamente seráfica, este asceta tan ampliamente venerado, casi divinizado, tan austero y altruista, por lo demás, tan entregado de por vida al ideal de pobreza evangélico que él (no puedo menos de repetirlo incesantemente) no dejó sobre la tierra más que un mínimo peculio, un óbolo de San Pedro o, por así decir, de Eugenio, de Pacelli, por un monto de 80 millones de marcos en oro y divisas –propiedad estrictamente privada, penosamente ganada por la propia laboriosidad y el ahorro (pues sólo una cosa es necesaria, ¿no es verdad?)- por lo que, como premio a tan apostólico estilo de vida, a tan hermosa imitación de Cristo, tiene también en perspectiva una canonización cada vez más próxima ¡Ay!, ¿Qué sátira de la literatura mundial es mejor o tan buena, o siquiera, la mitad de buena que la vita del más famoso de los papas de nuestro tiempo? Y mientras el tío Eugenio, santo hasta los dedos tenues, delgados y largos, (jOh! ¡Qué inolvidable era el modo como solía usarlos para bendecir!) metía en sus sacos los 80 millones, sus tres sobrinos, dotados de óptimas prebendas tanto en la Santa Sede como en el big business se embolsaban 120 millones. ¿Y cuántos católicos tuvieron quc sucumbir entonces a la miseria, morir de hambre o reventar de mala manera?